Sin duda una de las mayores pinacotecas
del mundo, también en el momento
de su apertura en 1819 fue uno de los primeros
museos de arte público. El museo
es resultado, por un lado, del ánimo
coleccionista de la monarquía y la
iglesia, de donde provienen casi todos sus
fondos, y por otro, del pensamiento ilustrado
que promovió su creación.
La Colección Real, germen de la colección
de este museo, fue comenzada por la reina
Isabel La Católica en el Renacimiento,
y continuada por sus sucesores hasta el
siglo pasado. Una buena parte de la colección
se perdió en 1734 en el incendio
del entonces Palacio Real, El Alcazar, ubicado
en el lugar en el que hoy se encuentra el
Palacio Real. De cualquier forma, la colección
es extensa, si bien refleja los gustos de
las monarquías españolas,
así como sus reticencias. Así
encontramos que la pintura flamenca, la
italiana del S. XVI, las escuelas españolas
del barroco y la pintura española
posterior, están ampliamente representadas
en la colección, mientras que las
escuelas protestantes (inglesa, holandesa)
carecen absolutamente de espacio en ella.
Hay también una gran cantidad de
arte religioso en el museo que proviene
de las iglesias que se cerraron hacia 1830.
Por
citar a algunos de los autores que encontrarás:
Brueghel, Van der Weyden, Van Dyck, El Bosco,
Durero, Rembrandt, Rubens, Fra Angelico,
Mantegna, Botticelli, Bronzino, Rafael,
Tiziano, Tintoretto, El Greco, Velázquez,
Murillo, Ribera, Goya, ...
Nosotros te recomendamos que no dejes de
ver:
- Velázquez: Casi todas sus
mejores obras están en este museo.
Además de un gran número de
retratos reales, están Las Hilanderas,
La rendición de Breda, Las
Meninas, etc, que son obras maestras
de bastante complejidad y que la guía
del museo te ayudará a decodificar.
- El Greco: Te sorprenderá
la contemporaneidad pictórica y compositiva
de este autor cuya genialidad tuvo que esperar
mucho tiempo para ser reconocida y que fue
defendida por los primeros pintores de vanguardia
de este siglo. Digno de verse, desde sus
grandes composiciones: Pentecostés,
La adoración de los Reyes Magos,
etc...hasta aquellas de tamaño medio:
El hombre de la mano en el pecho,
San Sebastián, etc.
- Salas italianas: Del primer renacimiento
hay poco, pero lo que hay es bueno. El siglo
XVI está más ampliamente representado
con estupendas obras de Tiziano, Tintoretto,
etc.
- Salas Flamencas: Te encontrarás
con verdaderas maravillas. Merecen especial
atención: El jardín de
las delicias de El Bosco, que el rey
Felipe II tenía en su dormitorio
de El Escorial; y El descendimiento de
la Cruz de Van der Weyden, impresionante.
- Goya: Si no conoces a este autor,
te dejará atónito/a su versatilidad.
Desde los cartones para la Real Fábrica
de Tapices, pasando por sus soberbios retratos
de la aristocrácia, la realeza y
los intelectuales de la época (algunos
llenos de una atroz ironía, otros
llenos de admiración), hasta sus
cuadros de la guerra de la independencia,
de un dramatismo extremo, para terminar
con sus pinturas negras, insospechables,
apasionantes y aterrorizantes, una combinación
irresistible. Te encantará o le aborrecerás.
El museo no tiene una distribución
muy clara. Si no consigues orientarte bien
con el mapa gratuito que se puede conseguir
en la taquilla, no dudes en preguntar a
los vigilantes de las salas.
En el adyacente Casón del Buen
Retiro, antigua residencia veraniega
del rey Felipe IV, encontrarás pinturas
españolas del siglo XIX. La entrada
está incluida en la del Museo del
Prado, pero no olvides conservar el ticket
si quieres echar un vistazo a estas obras
(paisajes, costumbrismo, realismo, y cuadros
históricos) entre las que podrás
encontrar joyas desconocidas.
Para terminar te recomendamos fervientemente
que tras tu visita al Prado y/o al Casón
del Buen Retiro, te adentres en uno de los
dos jardínes cercanos: el Jardín
Botánico y El Parque del Retiro.
Ambos tienen un gran encanto. El primero
más pequeño y extraño,
el segundo más grande y bullicioso,
pero cualquiera de ellos te permitirá
descansar los pies y seguir gozando con
las vistas.
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