Un edificio situado en un espacio históricamente estratégico que
antes de convertirse en residencia de los marqueses de Linares albergó
los antiguos Molinos de Plata y el Pósito Real.
Exquisito y
distinto, el palacio de Linares es parte de la memoria estética y
urbanística de Madrid. Desde su construcción ha sido referencia
obligada de la ciudad, de su crecimiento y evolución a lo largo de los
años. Su situación privilegiada y su singularidad le han convertido en
un edificio admirado pero poco conocido.
Su arquitectura
limpia, obra de Carlos Colubí, Adolf Ombrecht y Manuel Aníbal Álvarez,
hecha con piedra caliza, guarda un interior rico en muebles, lámparas y
bronces de París, cristales de Amberes, alfombras de la Real Fábrica de
Tapices y una selecta colección de pinturas de artistas de la talla de
Francisco Pradilla, Manuel Domínguez y Alejandro Ferrant, entre otros.
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